
Hace muchos
años, en un lejano país, vivía una hermosa joven, era muy bonita y,
además, una bordadora primorosa, por lo que muchos hombres ricos la
pretendían como esposa, pero ella los rechazaba.
La muchacha decía: Sólo
me casaré con el hombre que pueda teñir los hilos de rosca de una rosa
que no se decolore, además debe tejer diez metros de seda sin uniones”.
A cierta distancia de
allí, vivía un joven tejedor. Un día, una avecilla volando...